domingo, 11 de mayo de 2008

Mundial 78

A 30 años de la final, un homenaje reaviva el debate sobre el Mundial y la dictadura
CLARIN 12.05.2008

El Instituto para la Memoria está organizando un acto de desagravio, en el que habrá jugadores de aquella Selección. Ex futbolistas y ex detenidos-desaparecidos con historias muy particulares recuerdan esos días y reflexionan sobre el evento.

El 25 de junio de 1978, Ana María Careaga vio en Suecia, por tele y junto con su pequeña hija, cómo la Selección argentina ganaba su primera copa mundial de fútbol. No festejó.

Ana María había llegado allí exiliada desde la Argentina. Un año antes de aquella final, cuando era una adolescente y estando embarazada, la secuestraron y la mantuvieron durante cuatro meses en un centro clandestino de detención, el Club Atlético, donde fue varias veces torturada. La soltaron en setiembre del 77. A los pocos días se fue a Brasil y luego partió a Europa.

Hoy, Ana María es la titular del Instituto Espacio para la Memoria de la Ciudad y una de las promotoras de "La Otra Final, el partido por la vida y los Derechos Humanos". "El evento que organizamos para el 29 de junio, en la cancha de River, es la final que debió haber sido, la final en democracia. Un homenaje-desagravio a la sociedad argentina en su conjunto. Invitamos a jugadores de aquella Selección y también a jóvenes que representarán a esa generación que no está. Además, habrá una marcha desde la ESMA —a sólo 700 metros de la cancha y donde funcionó un centro clandestino de detención—, actuarán artistas y en una tribuna se dejará un espacio libre, a modo simbólico", le dice Careaga a Clarín en uno de los salones del instituto. Detrás de ella se deja ver un mapa con los centros clandestinos de la Capital. El número 4 es en el que estuvo ella.

"La final del 78 la vi con otros ojos, yo tenía a mi mamá desaparecida (la secuestraron junto con las monjas francesas y sus restos aparecieron hace unos años). Tenía otro nivel de conciencia. La idea es que toda la ciudadanía tome conciencia de lo que pasó en la dictadura. Y esto incluye el Mundial, las Malvinas y los campos de concentración", concluye Ana María, con tono docente.

CLAUDIO TAMBURRINI
Como Careaga, también se exilió en Suecia luego de haber sido torturado en un centro clandestino de detención. Y vio la final por TV, pero él aún estaba en el país: "Me acuerdo que vi el partido por tele y luego salí con toda la gente a la calle, para recuperar confianza y atreverme a dejar mi escondite desde hacía más de dos meses, después de la fuga."

El escape al que refiere es la historia que inspiró la película "Crónica de una fuga". En noviembre de 1977, Tamburrini, por entonces arquero de Almagro y universitario, fue secuestrado y llevado a la Mansión Seré, en Morón. Tras estar 121 días desaparecido allí, logró escapar con tres compañeros.

"Hay un mito acerca del período pre-Mundial en la Mansión. Como se relata en mi libro ''Pase libre-Crónica de una fuga'', el festejo que hubo junto con algunos guardias en la cocina fue en relación a una victoria de Reutemann. En la película, esa escena fue cambiada por un partido previo al Mundial, con buen criterio, para generar una discusión sobre el evento y la utilización que pretendió hacer la dictadura."

"No hubo contradicción entre mis sentimientos de hincha y futbolista y los de secuestrado. Confiaba en que la gente iba a poder distinguir entre la fiesta y el festejo futbolístico y el aval político a la dictadura. Y, de hecho, así fue", opina Tamburrini. Y confiesa: "Sentí unas terribles ganas de estar jugando esos partidos yo mismo. Y quería, por supuesto, que Argentina ganara. Razoné de la siguiente manera: ''Si además de estar siendo reprimidos y torturados, vamos a renunciar a festejar los pequeños hechos de alegría que podemos tener en esta situación, entonces: ¿qué nos quedaba?"

Con respecto al homenaje en la cancha de River, Tamburrini, filósofo y aún residente en Suecia, señala: "Me parece muy interesante la iniciativa, sobre todo por el nivel de desconocimiento sobre estos temas. Una reflexión es que esto evidencia de manera patente el fracaso de nuestra generación en traspasar una información histórica tan valiosa a las nuevas generaciones. La ''Otra Final'' debe sumar gente a la defensa de los derechos humanos, en vez de crear divisiones. Hay que hacer lo mismo que la gente hizo en el 78. ¡No dejar que los responsables del terrorismo nos arruinen la fiesta!"

RICARDO VILLA
Como Tamburrini, también es ex futbolista. Pero él vivió la final de otro modo. Integraba el plantel argentino, aunque aquel día quedó afuera del equipo. "Había tanta gente en la cancha que vi el partido desde un pasillo. Tenía toda la ansiedad de ganar. Hoy es difícil volver atrás, hubiera sido lo ideal. Entonces el panorama era distinto, la información no era tan clara, nosotros no sabíamos, intentábamos jugar al fútbol. Hay que despegar totalmente lo que fue el título", dice el ex volante de Racing, ahora afincado en Roque Pérez, lejos de la pelota y cerca del campo.

"Cuando nos vemos con compañeros de aquel equipo —sigue Villa— es un tema que hablamos por arriba. Sentimos que no se le da el valor que tuvo ese Mundial, aquel proceso lo ensucia y es injusto. Pero nunca lo charlamos a fondo, como el tema lo requiere. A mí ya me contactaron de la organización del partido y voy a ir. También voy a tratar de contactar a los muchachos que veo un poco más seguido, como Fillol, Larrosa y Ardiles. Pero no sé quiénes más se querrán sumar."

Villa termina hablando del desconocimiento de muchos de los argentinos de entonces: "Yo de la dictadura no me imaginé la crueldad que llegó a tener en su momento. Sólo espero que no se repita nunca más."

CLAUDIO MORRESI
Como Villa, también estuvo en la cancha en algunos partidos de la Selección, pero como hincha. Con un recuerdo que estremece: en esos días, Norberto, su hermano, ya estaba desaparecido.

"Cada vez que fui a la cancha, fui a disfrutar el espectáculo deportivo, que es para uno y para la mayoría del pueblo, una competencia deportiva —cuenta el ex futbolista de Huracán y River, y actual secretario de Deporte de la Nación—. Por otro lado, uno reclamará hasta el último día de su vida que juzguen a los que cometieron esas atrocidades. Pude separar en ese momento, y siempre, lo que era la pasión y el deseo de ver a los mejores jugadores del mundo en mi país, y lo que eran la dictadura y sus métodos." Morresi sigue con los recuerdos: "La final la vi por televisión. Sentía esa situación ambivalente, pero no sé si contradictoria. Cuando ganamos salí a festejar con unos amigos."

En cuanto al homenaje del 29 de junio, asegura: "Desde mi rol de la Secretaría, estamos dispuestos a acompañar en todo lo que podamos. Voy a participar, pero no voy a jugar. Me parece una posibilidad para que la gesta deportiva que lograron esos muchachos pueda sacarse de encima desgraciadamente esa aureola que los mancha y distorsiona el gran logro deportivo. Me atrevo a arriesgar que ningún deportista fue cómplice de esa dictadura. Al contrario. A su manera, intentaron darle una alegría a la gente."

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