viernes, 23 de mayo de 2008

Bicentenario

Una visión de la Argentina en 1910, la época del Centenario

Pinturas, grabados, dibujos y fotos cuentan la historia desde la mirada de la Generación de 1880. Por: Juan Manuel Bordón

En la muestra "Hacia la constitución de la Nación argentina", un recorrido pictórico por los primeros cien años de historia argentina que abrió ayer en el Pabellón de Bellas Artes de la UCA, se ve la serie de fragmentos y bocetos que hizo Antonio Alice (1886-1943) para su cuadro Los constituyentes del 53 (1922). En cada imagen se ve la búsqueda de una perspectiva que permita contar la sesión que se celebró en el Cabildo de Santa Fe el 20 de abril de 1853. Alice prueba con la distribución de los personajes, con el semblante de cada uno de ellos: melancolía en la mirada de Huergo, pose de dandy para José Gorostiaga.

El original de Alice hoy cuelga en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso e ilustra los manuales escolares, aunque fue realizado más de medio siglo después. Los bocetos y fragmentos que Alice realizó para esta obra ocupan el centro de esta exposición dedicada a los primeros cien años de historia argentina, desde la Revolución de Mayo a los festejos del Centenario en 1910. Según escribe en el catálogo la directora del Pabellón, Cecilia Cavanagh, la idea es retratar a "una sociedad que habitó vastas tierras inhóspitas y solitarias, y que construyó un país pujante, confiado hacia un promisorio porvenir".

Los pilares de ese proyecto fueron, además de una Constitución que dio "unidad y un marco legal al país y puso fin al período de guerras internas", el avance territorial y el crecimiento de la Argentina cultivable. "Los artistas que registraron el siglo XIX tuvieron un desafío enorme -explica Cavanagh-. Tuvieron que aprender a pintar el paisaje de la Pampa, una paisaje para el que los europeos no traían referencias". Buena parte de la muestra la ocupan los pintores viajeros que salieron a recorrer el país: Emeric Essex Vidal (1791-1861) se ocupa de los usos y costumbres de la Argentina postcolonial; obras como La caravana o Indígenas Pampas, de Juan León Palliere (1823-1887), sientan las bases de una pintoresca iconografía pampeana; el escocés Thomas Gibson (1816-1887) retrata los puestos de los primeros ingleses que se asientan en el interior del país. También está la Pampa épica en La cautiva (Angel Della Valle, 1892), donde una dama que evoca a la Libertad de Eugene Delacroix es arrastrada en un potro por un salvaje. De fondo, la marca ideológica de la Generación de 1880.

La muestra también se ocupa de los impulsos industrializadores. La fotografía reemplaza a la pintura y el tren aparece en el paisaje rural. El recorrido se cierra con una serie de fotografías que muestran la exposición de maquinarias con que la Argentina celebró por lo alto el Centenario en 1910. "En el Primer Centenario, como podemos apreciar en las fotografías (...), la sociedad argentina celebraba consolidar el crecimiento, extendiendo los ferrocarriles, instalando la infraestructura básica, fomentando la inmigración, iniciando la industria, vinculándose con el comercio mundial, incrementando la participación política de los ciudadanos y estableciendo formas republicanas de gobierno", escribe Cavanagh en el catálogo.

Quizá sea ese final lo que vuelve a la muestra algo ingenua. Donde el relato muestra la concreción de un proyecto de Nación, uno percibe el canto del cisne -metáfora cursi, pero adecuada por lo que tiene de modernista y afrancesada- del dominio de una oligarquía rural argentina que parecía haber perdido todo contacto con su contexto histórico. En 1910, mientras la ciudad de Buenos Aires se engalanaba con una exhibición de los más altos prodigios tecnológicos de la modernidad y mostraba su cara más refinada y cosmopolita, el presidente Figueroa Alcorta sobrevivía a una serie de atentados y navegaba entre la agitación social, crecían los conventillos y comenzaban a tomar fuerza los movimientos obreros. Sin esos matices -que omiten las imágenes de la muestra- es natural que los roces de las décadas posteriores parezcan un accidente desafortunado, la pérdida del rumbo hacia ese venturoso provenir.

sábado, 17 de mayo de 2008

Discriminación

Crecen los casos de discriminación entre los chicos en las escuelas.
18.05.2008 Clarín

En el INADI se acumulan denuncias y mediaciones. El 4,6% de los alumnos de Capital nació en países limítrofes. Según una encuesta, la mayoría de los argentinos admitió que se discrimina mucho en las aulas.

Por: Mariana Iglesias

Boliviano de mierda, volvete a tu país, no podés estar acá, esta escuela es para argentinos. La brutalidad de la frase culminó con una trompada en el labio, que se cortó y derramó sangre, asustando aún más a Yamil. La víctima y su verdugo tienen 7 años nomás. Y confirma de la peor manera la precocidad de la discriminación. La escena es de una escuela de Soldati. Yamil nació en el hospital Piñeyro, es argentino. Pero carga con dos estigmas imperdonables: su mamá es paraguaya, y vive en la villa.

"La escuela es una célula en el tejido social -dice a Clarín Susana Montaldo, subsecretaria de Equidad y Calidad del Ministerio de Educación-. Antes la escuela era la agencia privilegiada de la trasmisión de la cultura y los modelos de identidad. Hoy esa función se comparte con los medios de comunicación. Y bueno, si pensamos en Patito Feo, y en lo tremendo del mensaje de las divinas y las populares...".

En el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) las denuncias de todo tipo crecen y se acumulan, sobre todo en Capital. Entre 2006 y 2007 el incremento fue del 154%. Y el año pasado, el 17% de las mediaciones fueron presentaciones del ámbito de la educación. Se discrimina en el trabajo, en la calle, en el boliche, en el shopping. Y la escuela no escapa a esta realidad. En lo que va del año hubo 252 denuncias por discriminación en escuelas al 0800 999 2345, la línea gratuita del Inadi, mientras que en todo el año pasado hubo 170.

Las quejas van desde la falta de vacantes hasta la falta de infraestructura para alumnos discapacitados. En el medio, un gran abanico de quejas relacionadas a la nacionalidad. En el Mapa de la Discriminación del Inadi, el 30% de los que respondieron en la ciudad de Buenos Aires sufrió o presenció un hecho de discriminación por la nacionalidad. Y el 65% admitió que se discrimina "mucho" a los extranjeros de países limítrofes. Los grupos más afectados: los inmigrantes bolivianos, peruanos y paraguayos.

En el mismo Mapa de la Discriminación, el 55% de los argentinos dice que se discrimina "mucho" en la escuela, que figura en cuarto lugar, detrás de los boliches, la calle y las empresas. En un apartado de opiniones, el 33% de los bonaerenses estuvo de acuerdo en afirmar que "los trabajadores que vienen de países vecinos les quitan posibilidades a los trabajadores argentinos", una temible frase que se parece demasiado a la de los padres que dicen que los hijos de esos inmigrantes les quitan las vacantes en la escuela a sus hijos. Y los chicos que escuchan y repiten, y así.

El de los estudiantes de países limítrofes en Argentina no es un número menor: son 75.708 alumnos, según el Ministerio de Educación de la Nación. Y el 87% estudia en el sector estatal.

El defensor adjunto porteño, Gustavo Lesbegueris, da cifras: "En total, hay 8.305 chicos en lista de espera porque no hay vacantes en el nivel inicial. El 70 % de esos chicos vive en la zona sur de la ciudad. Y esos chicos que se quedan en sus casas al cuidado de vecinos o de hermanos mayores porque sus padres trabajan, son discriminados al ser privados de educación y socialización. Y luego empiezan la primaria con desventaja con respecto a los que sí hicieron el nivel inicial".

Lesbegueris habla de los chicos del primario que no pueden ir a escuelas de sus barrios. "Además de la discriminación creciente que sufren de sus compañeros por sus nacionalidades, el propio sistema educativo no les ofrece lo que necesitan, que es otra forma de discriminación". El defensor dice que el año pasado los padres de una escuela de Floresta donde iban a ser derivados chicos de la villa 20 de Villa Luro protestaron con elocuentes carteles: "No queremos villeros en nuestra escuela". Esas frases de adultos se cuelan entre risas en aulas y recreos.

La presidenta del Inadi, María José Lubertino, tampoco ahorra críticas al programa Patito Feo....

Dice que hay denuncias de discriminación por el derecho de admisión de los colegios: "Si algo caracterizó a la escuela pública fue la inclusión y la integración. La escuela no puede poner excusas para rechazar a un alumno. Se sabe que cada vez hay más personas viviendo en la zona sur, así que es previsible que cada vez haya más demanda de matrícula escolar. Falta inversión en infraestructura escolar. Debe ser una prioridad presupuestaria. Hoy ya no se puede hablar ni de crisis ni de falta de recursos".

domingo, 11 de mayo de 2008

Mundial 78

A 30 años de la final, un homenaje reaviva el debate sobre el Mundial y la dictadura
CLARIN 12.05.2008

El Instituto para la Memoria está organizando un acto de desagravio, en el que habrá jugadores de aquella Selección. Ex futbolistas y ex detenidos-desaparecidos con historias muy particulares recuerdan esos días y reflexionan sobre el evento.

El 25 de junio de 1978, Ana María Careaga vio en Suecia, por tele y junto con su pequeña hija, cómo la Selección argentina ganaba su primera copa mundial de fútbol. No festejó.

Ana María había llegado allí exiliada desde la Argentina. Un año antes de aquella final, cuando era una adolescente y estando embarazada, la secuestraron y la mantuvieron durante cuatro meses en un centro clandestino de detención, el Club Atlético, donde fue varias veces torturada. La soltaron en setiembre del 77. A los pocos días se fue a Brasil y luego partió a Europa.

Hoy, Ana María es la titular del Instituto Espacio para la Memoria de la Ciudad y una de las promotoras de "La Otra Final, el partido por la vida y los Derechos Humanos". "El evento que organizamos para el 29 de junio, en la cancha de River, es la final que debió haber sido, la final en democracia. Un homenaje-desagravio a la sociedad argentina en su conjunto. Invitamos a jugadores de aquella Selección y también a jóvenes que representarán a esa generación que no está. Además, habrá una marcha desde la ESMA —a sólo 700 metros de la cancha y donde funcionó un centro clandestino de detención—, actuarán artistas y en una tribuna se dejará un espacio libre, a modo simbólico", le dice Careaga a Clarín en uno de los salones del instituto. Detrás de ella se deja ver un mapa con los centros clandestinos de la Capital. El número 4 es en el que estuvo ella.

"La final del 78 la vi con otros ojos, yo tenía a mi mamá desaparecida (la secuestraron junto con las monjas francesas y sus restos aparecieron hace unos años). Tenía otro nivel de conciencia. La idea es que toda la ciudadanía tome conciencia de lo que pasó en la dictadura. Y esto incluye el Mundial, las Malvinas y los campos de concentración", concluye Ana María, con tono docente.

CLAUDIO TAMBURRINI
Como Careaga, también se exilió en Suecia luego de haber sido torturado en un centro clandestino de detención. Y vio la final por TV, pero él aún estaba en el país: "Me acuerdo que vi el partido por tele y luego salí con toda la gente a la calle, para recuperar confianza y atreverme a dejar mi escondite desde hacía más de dos meses, después de la fuga."

El escape al que refiere es la historia que inspiró la película "Crónica de una fuga". En noviembre de 1977, Tamburrini, por entonces arquero de Almagro y universitario, fue secuestrado y llevado a la Mansión Seré, en Morón. Tras estar 121 días desaparecido allí, logró escapar con tres compañeros.

"Hay un mito acerca del período pre-Mundial en la Mansión. Como se relata en mi libro ''Pase libre-Crónica de una fuga'', el festejo que hubo junto con algunos guardias en la cocina fue en relación a una victoria de Reutemann. En la película, esa escena fue cambiada por un partido previo al Mundial, con buen criterio, para generar una discusión sobre el evento y la utilización que pretendió hacer la dictadura."

"No hubo contradicción entre mis sentimientos de hincha y futbolista y los de secuestrado. Confiaba en que la gente iba a poder distinguir entre la fiesta y el festejo futbolístico y el aval político a la dictadura. Y, de hecho, así fue", opina Tamburrini. Y confiesa: "Sentí unas terribles ganas de estar jugando esos partidos yo mismo. Y quería, por supuesto, que Argentina ganara. Razoné de la siguiente manera: ''Si además de estar siendo reprimidos y torturados, vamos a renunciar a festejar los pequeños hechos de alegría que podemos tener en esta situación, entonces: ¿qué nos quedaba?"

Con respecto al homenaje en la cancha de River, Tamburrini, filósofo y aún residente en Suecia, señala: "Me parece muy interesante la iniciativa, sobre todo por el nivel de desconocimiento sobre estos temas. Una reflexión es que esto evidencia de manera patente el fracaso de nuestra generación en traspasar una información histórica tan valiosa a las nuevas generaciones. La ''Otra Final'' debe sumar gente a la defensa de los derechos humanos, en vez de crear divisiones. Hay que hacer lo mismo que la gente hizo en el 78. ¡No dejar que los responsables del terrorismo nos arruinen la fiesta!"

RICARDO VILLA
Como Tamburrini, también es ex futbolista. Pero él vivió la final de otro modo. Integraba el plantel argentino, aunque aquel día quedó afuera del equipo. "Había tanta gente en la cancha que vi el partido desde un pasillo. Tenía toda la ansiedad de ganar. Hoy es difícil volver atrás, hubiera sido lo ideal. Entonces el panorama era distinto, la información no era tan clara, nosotros no sabíamos, intentábamos jugar al fútbol. Hay que despegar totalmente lo que fue el título", dice el ex volante de Racing, ahora afincado en Roque Pérez, lejos de la pelota y cerca del campo.

"Cuando nos vemos con compañeros de aquel equipo —sigue Villa— es un tema que hablamos por arriba. Sentimos que no se le da el valor que tuvo ese Mundial, aquel proceso lo ensucia y es injusto. Pero nunca lo charlamos a fondo, como el tema lo requiere. A mí ya me contactaron de la organización del partido y voy a ir. También voy a tratar de contactar a los muchachos que veo un poco más seguido, como Fillol, Larrosa y Ardiles. Pero no sé quiénes más se querrán sumar."

Villa termina hablando del desconocimiento de muchos de los argentinos de entonces: "Yo de la dictadura no me imaginé la crueldad que llegó a tener en su momento. Sólo espero que no se repita nunca más."

CLAUDIO MORRESI
Como Villa, también estuvo en la cancha en algunos partidos de la Selección, pero como hincha. Con un recuerdo que estremece: en esos días, Norberto, su hermano, ya estaba desaparecido.

"Cada vez que fui a la cancha, fui a disfrutar el espectáculo deportivo, que es para uno y para la mayoría del pueblo, una competencia deportiva —cuenta el ex futbolista de Huracán y River, y actual secretario de Deporte de la Nación—. Por otro lado, uno reclamará hasta el último día de su vida que juzguen a los que cometieron esas atrocidades. Pude separar en ese momento, y siempre, lo que era la pasión y el deseo de ver a los mejores jugadores del mundo en mi país, y lo que eran la dictadura y sus métodos." Morresi sigue con los recuerdos: "La final la vi por televisión. Sentía esa situación ambivalente, pero no sé si contradictoria. Cuando ganamos salí a festejar con unos amigos."

En cuanto al homenaje del 29 de junio, asegura: "Desde mi rol de la Secretaría, estamos dispuestos a acompañar en todo lo que podamos. Voy a participar, pero no voy a jugar. Me parece una posibilidad para que la gesta deportiva que lograron esos muchachos pueda sacarse de encima desgraciadamente esa aureola que los mancha y distorsiona el gran logro deportivo. Me atrevo a arriesgar que ningún deportista fue cómplice de esa dictadura. Al contrario. A su manera, intentaron darle una alegría a la gente."