COMUNICADO DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL FIRMADO POR BERGOGLIO SOBRE LA CONDENA
Con "dolor", los obispos pidieron alejarse de la impunidad y el odio
Hablaron de un caso de "responsabilidad personal". Y llamaron a la "reconciliación".
Por: Sergio Rubin. Clarin 10/10/2009
La Iglesia exhortó anoche al sacerdote Christian Von Wernich a que manifieste arrepentimiento por las gravísimas violaciones a los derechos humanos por las que fue condenado ayer a reclusión perpetua y pida públicamente perdón. El pedido fue hecho a través del vocero del Episcopado, presbítero Jorge Oesterheld, quien en diálogo con Clarín luego de distribuir un comunicado de consternación de la Conferencia Episcopal, afirmó: "Los católicos esperamos que Von Wernich se arrepienta y pida perdón".
En tanto, se aguardaba anoche un pronunciamiento del obispo de 9 de Julio -la diócesis a la que pertenece Von Wernich-, Martín Elizalde, sobre cómo quedaría la situación eclesiástica del sacerdote tras la condena. La determinación más severa que puede tomar Elizalde es suspender de por vida al religioso en el ejercicio de su ministerio sacerdotal. Sin embargo, llamaba la atención la demora del obispo en definirse, pese a que había deslizado su intención de hacerlo ayer mismo.
Al ser requerido sobre cuál será el futuro de Von Wernich en la Iglesia, Oesterheld aclaró que esa decisión "es privativa del obispo del cuál depende el sacerdote" (es decir, Elizalde). Y precisó: "No le corresponde adoptarla ni a la Conferencia Episcopal, ni a su presidente, el cardenal (Jorge) Bergoglio, sencillamente porque no es de su competencia".
En ese sentido, el comunicado del Episcopado fue tomado en medios eclesiásticos como un introito para una severa sanción que anoche no llegaba.
En la declaración, los obispos dicen que "la Iglesia en la Argentina está conmovida por el dolor que nos causa la participación de un sacerdote en delitos gravísimos, según la sentencia".
El Episcopado considera que "los pasos que la Justicia da en el esclarecimiento de estos hechos deben servir para renovar los esfuerzos de todos los ciudadanos en el camino de la reconciliación y son un llamado a alejarnos, tanto de la impunidad como del odio y el rencor".
Los obispos reiteran, además, lo expresado en la autocrítica que hicieron en 1997. "Si algún miembro de la Iglesia, cualquiera fuera su condición, hubiera avalado con su recomendación o complicidad alguno de esos he chos (la represión violenta), habría actuado bajo su responsabilidad personal, errando o pecando gravemente contra Dios, la humanidad y su consciencia". Recuerdan el pedido de perdón que hicieron en 2000 y piden a Dios y a la Virgen María "que nos acompañen en este doloroso camino hacia la reconciliación de todos los argentinos".
Paralelamente, la Comisión Justicia y Paz, que integran dirigentes laicos y depende del Episcopado también expresó anoche "su dolor y pesar por todas aquellas acciones directas, en colaboración o complicidad, que algunos integrantes de la Iglesia Católica pudieron llevar a cabo y que posibilitaron el secuestro, la tortura y la desaparición de personas durante la última dictadura". Manifestó, además, su "solidaridad con todas las víctimas de ese período de nuestra historia, y esperamos que el accionar de la Justicia pueda actuar como reparación y consuelo para los sobrevivientes, sus familiares y a la de los desaparecidos".
El caso Von Wernich entra en la cuestión más abominable de la actuación de ciertos clérigos durante la dictadura: la complicidad directa de capellanes castrenses y policiales en la represión ilegal.
miércoles, 10 de octubre de 2007
Iglesia argentina y Dictadura
UN CONFLICTO IRRESUELTO DEL OBISPADO ARGENTINO
Víctima y cómplice: los caminos de la Iglesia en los años de horror
Sufrió el terrorismo de Estado y también tuvo miembros que avalaron la dictadura.
Por: Alberto Amato. Clarin 10/10/2007
Christian von Wernich habló ayer de paz y reconciliación. Citó a Jesús y a sus Apóstoles y aseguró en voz de nuestra Biblia que la paz permite pensar con libertad. De paso se refirió a testigos falsos, como para desacreditar la terrenal condena que recibió.
No hizo referencia a la verdad, necesaria para la paz y la reconciliación, de la que también habla la Biblia. Hace veinte años Von Wernich no hablaba así. "He vivido una guerra desde un punto de vista ideológico, que es el de un conservador de centro", dijo en un reportaje a "7 Días" en 1984, que le valió siete días de arresto en el Congreso Nacional.
En ese espíritu entre guerrero y bíblico que separan al Von Wer nich de 1984 del de ayer radica parte del conflicto irresuelto de la Iglesia argentina que mira hoy hacia aquellos años de horror.
Partida en dos durante los años de la ciega dictadura de Onganía, de neto contenido preconciliar (de Trento, se ironizaba entonces), la Iglesia transitó los dos caminos que tenía por delante: la cercanía con los poderes de turno por un lado, y la participación en el movimiento de curas tercermundistas, la teología de la liberación y la opción por los pobres, por otro. La última dictadura no hizo sino ahondar esa división de la que Von Wernich es su aparente chivo expiatorio.
"¿No querrá Cristo que algún día las Fuerzas Armadas estén más allá de su función? El Ejército está expiando la impureza de nuestro país. Los militares han sido purificados en el Jordán de la sangre para ponerse al frente de todo el país", dijo en septiembre de 1975 el vicario general del Ejército, monseñor Victorio Bonamín. No era el único anuncio del horror por venir, con la excusa de enfrentar el delirio guerrillero, ya casi derrotado cuando el golpe del 24 de marzo de 1976.
El propio Von Wernich dijo en aquel reportaje a "7 Días": "(...) Que me digan que Camps torturó a un negrito que nadie conoce, vaya y pase. Pero cómo iba a torturar a Jacobo Timerman, un periodista sobre el cual hubo una constante y decisiva presión mundial... ¡Que si no fuera por eso..."
Si hubo autoridades eclesiásticas "procesistas" hubo obispos que le plantaron cara a la dictadura, como Vicente Zaspe, Jorge Novak, Esteban Hesayne, Jaime de Nevares, Enrique Angelelli, asesinado en agosto de 1976, y monseñor Carlos Ponce de León, también asesinado en 1977. Al menos dieciocho sacerdotes fueron asesinados o figuran como desaparecidos, entre ellos los monjes palotinos baleados en julio de 1976; otros diez curas estuvieron presos en la dictadura; treinta fueron secuestrados y derivados a los centros clandestinos de detención y luego liberados; once seminaristas fueron asesinados o figuran como desaparecidos y, es muy difícil de calcular, se cree que son más de medio centenar los católicos laicos víctimas de la represión ilegal.
La Iglesia, que sufrió en carne propia el terrorismo de Estado, está señalada como cómplice silencioso de aquel horror, como si hubiera bendecido a la dictadura, además de consolar y reconfortar a sus torturadores y asesinos.
Cada vez que se agitan esos fantasmas del pasado, la jerarquía eclesiástica argentina teme, y frena, un eventual enjuiciamiento al Episcopado de entonces. En 1996 el acto de contrición de los obispos admitió que lo hecho en esos años "no alcanzó para impedir tanto horror"; lamentó que haya habido católicos que "justificaron y participaron de la guerrilla y arrastraron lastimosamente a muchos jóvenes. Y hubo grupos entre los cuales se contaron muchos hijos de la Iglesia, que respondieron ilegalmente a la guerrilla de una manera inmoral y atroz que nos avergüenza a todos".
La descripción del fenómeno no conformó demasiado, incluso a algunos sectores de la propia Iglesia. "La Iglesia no mató, pero no salvó. Debimos estar al lado de los crucificados y no tan cerca de los crucificadores", dijo en el juicio a Von Wernich el cura Rubén Capitanio. "La Iglesia no movió un dedo por la muerte violenta de uno de los suyos", dijo Arturo Pinto, el sacerdote que acompañaba a Angelelli el día que fue asesinado. "La Iglesia podría haber hecho más", dijeron en 1995 dos arzobispos, Carlos Galán y Domingo Castagna, y tres obispos: Justo Laguna, Jorge Casaretto y Emilio Bianchi Di Cárcano.
De la polémica no estuvo ausente el Gobierno. Cuando la Iglesia le criticó una visión parcial de lo ocurrido en los tormentosos años 70, el presidente Néstor Kirchner respondió con un iracundo: "¿Adónde estaban los obispos cuando acá desaparecían chicos?" Tiempo después, en un gesto de distensión, Kirchner y el cardenal Jorge Bergoglio compartieron un acto en la parroquia donde fueron asesinados los monjes palotinos.
¿Se les puede pedir a las autoridades eclesiásticas una contrición mayor, ahora que por primera vez en la historia argentina uno de sus sacerdotes es condenado por torturas, secuestros y asesinatos? Von Wernich no pensaba en eso cuando ayer habló de paz y reconciliación.
Víctima y cómplice: los caminos de la Iglesia en los años de horror
Sufrió el terrorismo de Estado y también tuvo miembros que avalaron la dictadura.
Por: Alberto Amato. Clarin 10/10/2007
Christian von Wernich habló ayer de paz y reconciliación. Citó a Jesús y a sus Apóstoles y aseguró en voz de nuestra Biblia que la paz permite pensar con libertad. De paso se refirió a testigos falsos, como para desacreditar la terrenal condena que recibió.
No hizo referencia a la verdad, necesaria para la paz y la reconciliación, de la que también habla la Biblia. Hace veinte años Von Wernich no hablaba así. "He vivido una guerra desde un punto de vista ideológico, que es el de un conservador de centro", dijo en un reportaje a "7 Días" en 1984, que le valió siete días de arresto en el Congreso Nacional.
En ese espíritu entre guerrero y bíblico que separan al Von Wer nich de 1984 del de ayer radica parte del conflicto irresuelto de la Iglesia argentina que mira hoy hacia aquellos años de horror.
Partida en dos durante los años de la ciega dictadura de Onganía, de neto contenido preconciliar (de Trento, se ironizaba entonces), la Iglesia transitó los dos caminos que tenía por delante: la cercanía con los poderes de turno por un lado, y la participación en el movimiento de curas tercermundistas, la teología de la liberación y la opción por los pobres, por otro. La última dictadura no hizo sino ahondar esa división de la que Von Wernich es su aparente chivo expiatorio.
"¿No querrá Cristo que algún día las Fuerzas Armadas estén más allá de su función? El Ejército está expiando la impureza de nuestro país. Los militares han sido purificados en el Jordán de la sangre para ponerse al frente de todo el país", dijo en septiembre de 1975 el vicario general del Ejército, monseñor Victorio Bonamín. No era el único anuncio del horror por venir, con la excusa de enfrentar el delirio guerrillero, ya casi derrotado cuando el golpe del 24 de marzo de 1976.
El propio Von Wernich dijo en aquel reportaje a "7 Días": "(...) Que me digan que Camps torturó a un negrito que nadie conoce, vaya y pase. Pero cómo iba a torturar a Jacobo Timerman, un periodista sobre el cual hubo una constante y decisiva presión mundial... ¡Que si no fuera por eso..."
Si hubo autoridades eclesiásticas "procesistas" hubo obispos que le plantaron cara a la dictadura, como Vicente Zaspe, Jorge Novak, Esteban Hesayne, Jaime de Nevares, Enrique Angelelli, asesinado en agosto de 1976, y monseñor Carlos Ponce de León, también asesinado en 1977. Al menos dieciocho sacerdotes fueron asesinados o figuran como desaparecidos, entre ellos los monjes palotinos baleados en julio de 1976; otros diez curas estuvieron presos en la dictadura; treinta fueron secuestrados y derivados a los centros clandestinos de detención y luego liberados; once seminaristas fueron asesinados o figuran como desaparecidos y, es muy difícil de calcular, se cree que son más de medio centenar los católicos laicos víctimas de la represión ilegal.
La Iglesia, que sufrió en carne propia el terrorismo de Estado, está señalada como cómplice silencioso de aquel horror, como si hubiera bendecido a la dictadura, además de consolar y reconfortar a sus torturadores y asesinos.
Cada vez que se agitan esos fantasmas del pasado, la jerarquía eclesiástica argentina teme, y frena, un eventual enjuiciamiento al Episcopado de entonces. En 1996 el acto de contrición de los obispos admitió que lo hecho en esos años "no alcanzó para impedir tanto horror"; lamentó que haya habido católicos que "justificaron y participaron de la guerrilla y arrastraron lastimosamente a muchos jóvenes. Y hubo grupos entre los cuales se contaron muchos hijos de la Iglesia, que respondieron ilegalmente a la guerrilla de una manera inmoral y atroz que nos avergüenza a todos".
La descripción del fenómeno no conformó demasiado, incluso a algunos sectores de la propia Iglesia. "La Iglesia no mató, pero no salvó. Debimos estar al lado de los crucificados y no tan cerca de los crucificadores", dijo en el juicio a Von Wernich el cura Rubén Capitanio. "La Iglesia no movió un dedo por la muerte violenta de uno de los suyos", dijo Arturo Pinto, el sacerdote que acompañaba a Angelelli el día que fue asesinado. "La Iglesia podría haber hecho más", dijeron en 1995 dos arzobispos, Carlos Galán y Domingo Castagna, y tres obispos: Justo Laguna, Jorge Casaretto y Emilio Bianchi Di Cárcano.
De la polémica no estuvo ausente el Gobierno. Cuando la Iglesia le criticó una visión parcial de lo ocurrido en los tormentosos años 70, el presidente Néstor Kirchner respondió con un iracundo: "¿Adónde estaban los obispos cuando acá desaparecían chicos?" Tiempo después, en un gesto de distensión, Kirchner y el cardenal Jorge Bergoglio compartieron un acto en la parroquia donde fueron asesinados los monjes palotinos.
¿Se les puede pedir a las autoridades eclesiásticas una contrición mayor, ahora que por primera vez en la historia argentina uno de sus sacerdotes es condenado por torturas, secuestros y asesinatos? Von Wernich no pensaba en eso cuando ayer habló de paz y reconciliación.
Condenan a Von Wernich
DESPUES DE TRES MESES DE JUICIO ORAL, ES EL PRIMER INTEGRANTE DE LA IGLESIA CONDENADO POR DELITOS DE LESA HUMANIDAD. Clarín 10/10/2007
Condenan a Von Wernich a perpetua por la represión ilegal
El Tribunal federal Nº1 de La Plata lo halló culpable en los casos de siete homicidios calificados, 31 secuestros y tormentos y otros 3 secuestros cometidos durante la dictadura. La Iglesia le reclamó que se arrepienta y pida perdón.
Por: Rodolfo Lara
El sacerdote Christian Von Wernich (69), ex capellán de la Policía bonaerense en el período de la última dictadura militar, es el primer integrante de la Iglesia condenado a reclusión perpetua por crímenes de lesa humanidad.
Después de tres meses de proceso oral y público, el Tribunal federal Nº 1 de La Plata determinó su responsabilidad en la comisión de siete homicidios triplemente calificados, 31 secuestros y tormentos y otros 3 secuestros. El fallo condenatorio de Carlos Rozanski, Norberto Lorenzo y Horacio Insaurralde fue inscripto "en el marco del genocidio cometido en la República Argentina entre los años 1976-1983".
Los jueces atribuyeron al cura un rol operativo en el sistema de represión ilegal que funcionó en la provincia de Buenos Aires durante la gestión del ex jefe de Policía, coronel Ramón Camps. Bajo el amparo del secreto de confesión, Von Wernich obtenía información de los detenidos en centros clandestinos para utilizarla en el aparato de represión ilegal. Un "investigador con sotanas", como caracterizó un querellante.
Von Wernich fue hallado culpable de coautororía de los asesinatos de Domingo Moncalvillo, Cecilia Idiart, María Magdalena Mainer, Pablo Mainer, Liliana Galarza, Nilda Salomone y María del Carmen Morettini. Los siete permanecían detenidos en la Brigada de Investigaciones de La Plata y, a partir del cautiverio en 1977, colaboraban con las fuerzas de seguridad. Camps comunicó que permitiría sus traslados al exterior, pero fueron masacrados en las cercanías del Cruce Alpargatas. Según el testimonio del policía Julio Alberto Emmed -muerto en un enfrentamiento a fines de los 80-, el sacerdote participó del operativo.
Un presagio sobre la marcha del fallo asomó temprano en el alegato de la defensa: "Vengo a buscar una condena", refirió Juan Cerolini. El abogado apeló a las palabras de Henry Charrier (Papillón) frente al tribunal, casi con la misma resignación.
Cerolini intentó derrumbar los cargos por la presunta tintura "ideológica" que representaban los testimonios. Ese prurito fue trasladado al gobierno de Néstor Kirchner que mantiene "parcialidad indisimulable con referentes de la violencia, hasta otorgándoles cargos públicos". La defensa reconoció la existencia de torturas y de homicidios cometidos en esa época, aunque advirtió que había "procesos" para unos y "prescripciones" para otros.
Algo de la estrategia para devaluar a los declarantes del juicio fue utilizada por el propio Von Wernich al señalar que "el testigo falso es el demonio, porque está preñado de malicia". El ex capellán habló con firmeza sobre la necesidad de "llegar a la verdad con reconciliación y en paz". Citó al cardenal Bergoglio, como un salvavida institucional.
Advirtió que el crucifijo en la pared, detrás del presidente del tribunal, era más grande que el usado en jornadas anteriores.
Fue un sermón, resistido por un grupo de Madres de Plaza de Mayo que intentaron abandonar el recinto. "Esto no es un cine continuado. Si salen no podrán ingresar para el fallo", la reconvención de Rozanski acomodó los ánimos. El ambiente siempre permaneció tenso, aunque sin disturbios. Apenas una evacuación ordenada del edificio por amenaza de bomba.
Afuera, tras el vallado de tribunales las agrupaciones de derechos humanos, organizaciones sociales y de la izquierda apelaban a coros desparejos de repudio al cura.
El proceso rozó con fundamento la connivencia de la jerarquía eclesiástica con la Junta Militar. Ese involucramiento todavía no fue disipado con los documentos críticos del episcopado argentino.
Anoche alumbraba el comunicado de censura de la conducta de Von Wernich y la orden al obispo Marín Elizalde, de la diócesis de 9 de Julio -a la que pertenece el condenado- para el retiro de sus atribuciones sacramentales. Será antes del 1º de noviembre, cuando el sacerdote retorne a la sala para escuchar los fundamentos de la condena. Hasta entonces, deberá permanecer en la cárcel de Marcos Paz.
Condenan a Von Wernich a perpetua por la represión ilegal
El Tribunal federal Nº1 de La Plata lo halló culpable en los casos de siete homicidios calificados, 31 secuestros y tormentos y otros 3 secuestros cometidos durante la dictadura. La Iglesia le reclamó que se arrepienta y pida perdón.
Por: Rodolfo Lara
El sacerdote Christian Von Wernich (69), ex capellán de la Policía bonaerense en el período de la última dictadura militar, es el primer integrante de la Iglesia condenado a reclusión perpetua por crímenes de lesa humanidad.
Después de tres meses de proceso oral y público, el Tribunal federal Nº 1 de La Plata determinó su responsabilidad en la comisión de siete homicidios triplemente calificados, 31 secuestros y tormentos y otros 3 secuestros. El fallo condenatorio de Carlos Rozanski, Norberto Lorenzo y Horacio Insaurralde fue inscripto "en el marco del genocidio cometido en la República Argentina entre los años 1976-1983".
Los jueces atribuyeron al cura un rol operativo en el sistema de represión ilegal que funcionó en la provincia de Buenos Aires durante la gestión del ex jefe de Policía, coronel Ramón Camps. Bajo el amparo del secreto de confesión, Von Wernich obtenía información de los detenidos en centros clandestinos para utilizarla en el aparato de represión ilegal. Un "investigador con sotanas", como caracterizó un querellante.
Von Wernich fue hallado culpable de coautororía de los asesinatos de Domingo Moncalvillo, Cecilia Idiart, María Magdalena Mainer, Pablo Mainer, Liliana Galarza, Nilda Salomone y María del Carmen Morettini. Los siete permanecían detenidos en la Brigada de Investigaciones de La Plata y, a partir del cautiverio en 1977, colaboraban con las fuerzas de seguridad. Camps comunicó que permitiría sus traslados al exterior, pero fueron masacrados en las cercanías del Cruce Alpargatas. Según el testimonio del policía Julio Alberto Emmed -muerto en un enfrentamiento a fines de los 80-, el sacerdote participó del operativo.
Un presagio sobre la marcha del fallo asomó temprano en el alegato de la defensa: "Vengo a buscar una condena", refirió Juan Cerolini. El abogado apeló a las palabras de Henry Charrier (Papillón) frente al tribunal, casi con la misma resignación.
Cerolini intentó derrumbar los cargos por la presunta tintura "ideológica" que representaban los testimonios. Ese prurito fue trasladado al gobierno de Néstor Kirchner que mantiene "parcialidad indisimulable con referentes de la violencia, hasta otorgándoles cargos públicos". La defensa reconoció la existencia de torturas y de homicidios cometidos en esa época, aunque advirtió que había "procesos" para unos y "prescripciones" para otros.
Algo de la estrategia para devaluar a los declarantes del juicio fue utilizada por el propio Von Wernich al señalar que "el testigo falso es el demonio, porque está preñado de malicia". El ex capellán habló con firmeza sobre la necesidad de "llegar a la verdad con reconciliación y en paz". Citó al cardenal Bergoglio, como un salvavida institucional.
Advirtió que el crucifijo en la pared, detrás del presidente del tribunal, era más grande que el usado en jornadas anteriores.
Fue un sermón, resistido por un grupo de Madres de Plaza de Mayo que intentaron abandonar el recinto. "Esto no es un cine continuado. Si salen no podrán ingresar para el fallo", la reconvención de Rozanski acomodó los ánimos. El ambiente siempre permaneció tenso, aunque sin disturbios. Apenas una evacuación ordenada del edificio por amenaza de bomba.
Afuera, tras el vallado de tribunales las agrupaciones de derechos humanos, organizaciones sociales y de la izquierda apelaban a coros desparejos de repudio al cura.
El proceso rozó con fundamento la connivencia de la jerarquía eclesiástica con la Junta Militar. Ese involucramiento todavía no fue disipado con los documentos críticos del episcopado argentino.
Anoche alumbraba el comunicado de censura de la conducta de Von Wernich y la orden al obispo Marín Elizalde, de la diócesis de 9 de Julio -a la que pertenece el condenado- para el retiro de sus atribuciones sacramentales. Será antes del 1º de noviembre, cuando el sacerdote retorne a la sala para escuchar los fundamentos de la condena. Hasta entonces, deberá permanecer en la cárcel de Marcos Paz.
martes, 9 de octubre de 2007
Apología del delito
Desplazan a la vicedirectora de una escuela que reivindicó la dictadura
Fue durante un encuentro convocado por el centro de estudiantes de una escuela de Río Grande. "Quiero con toda el alma que vuelvan los militares", dijo la mujer mientras era grabada. Además, repudió a las Madres de Plaza de Mayo y expresó su admiración por el ex gobernador de facto Antonio Bussi. El Ministerio de Educación la echó.
Por: Clarín.com 09/10/2007
"Quiero con toda el alma que vuelvan los militares". Esa fue una de las frases de Cristina Andreade, la vicedirectora de una escuela de Tierra del Fuego durante una reunión del centro de estudiantes. Sus palabras fueron registradas en una grabación, y la docente fue desplazada de su cargo.
"Yo amo a los militares. Soy una más aunque me critiquen, a esa viejas de Plaza de Mayo no las quiero, yo lo prefiero a Bussi", añadió Andreade en referencia a la Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Sus expresiones, a favor del ex gobernador tucumano de facto Antonio Bussi fueron durante una reunión con alumnos, al parecer solicitada por el centro de estudiantes para tratar cuestiones escolares.
En otro tramo de la conversación con los alumnos, la mujer dijo: "Yo en la época de los militares vivía en paz. No había aritos, nada de pelos largos".
La reacción del ministerio de Educación fueguino fue inmediata: separó del cargo y ordenó retener el cobro de horas extras de Andrade, que había sido grabada y sus comentarios recorrieron los principales medios locales de la ciudad de Río Grande, en la que se encuentra la escuela de Comercio número 2 donde ejercía como vicedirectora.
El secretario de Administración del Ministerio de Educación fueguino, Héctor Zárate, justificó hoy la decisión de separar a Andrade por la "gravedad de los dichos de esta señora, que se agravan y potencian no sólo porque es docente, sino porque está a cargo de un turno en un establecimiento educativo".
Zárate, ex dirigente del gremio Sutef, cuestionó la "torpeza" de la docente que señaló a los padres de estudiantes del establecimiento lo cual, dijo, "rompe la relación que tiene que haber en una comunidad educativa".
Las declaraciones de Andrade, que fueron grabadas por sus interlocutores al parecer con un teléfono celular, recibieron el repudio del sindicato docente Sutef y de organizaciones de defensa de los derechos humanos, como la Red Contra la Impunidad y Trashumantes.
El abogado de la docente, Juan Ladereche, destacó que Andrade "no cometió ningún delito" por apoyar a la dictadura frente a los alumnos, porque "sus expresiones fueron en un ámbito privado y no en público".
Ladereche sostuvo que los estudiantes "han sacado o robado" los dichos de la docente al realizar la grabación y difundirla, ya que "se estaba hablando en un ámbito privado". Asimismo, criticó a los alumnos por tener un sello del Centro de Estudiantes "con la cara del (guerrillero fallecido Ernesto) Che Guevara" lo cual, consideró, "no respeta otras ideologías".
La secretaria de Derechos Humanos del gremio Sutef, Florencia Villarreal, destacó que Andrade "no debe estar al frente de una institución educativa, por el riesgo que ello implica para el proceso democrático que intentamos construir entre todos".
El secretario general de Sutef, Raúl Arce, dijo que analiza convertirse en querellante contra Andrade por entender que "se estaría hablando de discriminación y una apología del delito".
Arce destacó que "es algo que no se puede aceptar, bajo ningún punto de vista, en materia de educación".
Fue durante un encuentro convocado por el centro de estudiantes de una escuela de Río Grande. "Quiero con toda el alma que vuelvan los militares", dijo la mujer mientras era grabada. Además, repudió a las Madres de Plaza de Mayo y expresó su admiración por el ex gobernador de facto Antonio Bussi. El Ministerio de Educación la echó.
Por: Clarín.com 09/10/2007
"Quiero con toda el alma que vuelvan los militares". Esa fue una de las frases de Cristina Andreade, la vicedirectora de una escuela de Tierra del Fuego durante una reunión del centro de estudiantes. Sus palabras fueron registradas en una grabación, y la docente fue desplazada de su cargo.
"Yo amo a los militares. Soy una más aunque me critiquen, a esa viejas de Plaza de Mayo no las quiero, yo lo prefiero a Bussi", añadió Andreade en referencia a la Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Sus expresiones, a favor del ex gobernador tucumano de facto Antonio Bussi fueron durante una reunión con alumnos, al parecer solicitada por el centro de estudiantes para tratar cuestiones escolares.
En otro tramo de la conversación con los alumnos, la mujer dijo: "Yo en la época de los militares vivía en paz. No había aritos, nada de pelos largos".
La reacción del ministerio de Educación fueguino fue inmediata: separó del cargo y ordenó retener el cobro de horas extras de Andrade, que había sido grabada y sus comentarios recorrieron los principales medios locales de la ciudad de Río Grande, en la que se encuentra la escuela de Comercio número 2 donde ejercía como vicedirectora.
El secretario de Administración del Ministerio de Educación fueguino, Héctor Zárate, justificó hoy la decisión de separar a Andrade por la "gravedad de los dichos de esta señora, que se agravan y potencian no sólo porque es docente, sino porque está a cargo de un turno en un establecimiento educativo".
Zárate, ex dirigente del gremio Sutef, cuestionó la "torpeza" de la docente que señaló a los padres de estudiantes del establecimiento lo cual, dijo, "rompe la relación que tiene que haber en una comunidad educativa".
Las declaraciones de Andrade, que fueron grabadas por sus interlocutores al parecer con un teléfono celular, recibieron el repudio del sindicato docente Sutef y de organizaciones de defensa de los derechos humanos, como la Red Contra la Impunidad y Trashumantes.
El abogado de la docente, Juan Ladereche, destacó que Andrade "no cometió ningún delito" por apoyar a la dictadura frente a los alumnos, porque "sus expresiones fueron en un ámbito privado y no en público".
Ladereche sostuvo que los estudiantes "han sacado o robado" los dichos de la docente al realizar la grabación y difundirla, ya que "se estaba hablando en un ámbito privado". Asimismo, criticó a los alumnos por tener un sello del Centro de Estudiantes "con la cara del (guerrillero fallecido Ernesto) Che Guevara" lo cual, consideró, "no respeta otras ideologías".
La secretaria de Derechos Humanos del gremio Sutef, Florencia Villarreal, destacó que Andrade "no debe estar al frente de una institución educativa, por el riesgo que ello implica para el proceso democrático que intentamos construir entre todos".
El secretario general de Sutef, Raúl Arce, dijo que analiza convertirse en querellante contra Andrade por entender que "se estaría hablando de discriminación y una apología del delito".
Arce destacó que "es algo que no se puede aceptar, bajo ningún punto de vista, en materia de educación".
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